Agenda y acciones educativas para potenciar el sentido de ciudadanía

Genaro Aguirre Aguilar

Mucho se habla hoy día acerca de las transformaciones que como sociedad venimos observando en el mundo y particularmente en México, todo ello promovido por una desarticulación que deviene reconfiguración en los escenarios globales pero con incidencias en nuestras vidas; las que regularmente se mueven en escenarios evidentemente locales.

Es decir, en medio de las transformaciones estructurales producto de lo que algunos autores llaman ordenanza global, también se observan reacomodos en las pequeñas cosas que edifican y dan sentido a nuestros días; donde suelen existir contracciones de distinto talante que, necesariamente, plantean o exigen un pensamiento distinto en tanto sujetos sociales. Y es que este nuevo orden de cosas no exime a nadie, por lo que es necesario una activa participación en la reconfiguración de lo que finalmente son los terrenos que pisamos a diario: los contextos en los que la vida social va teniendo una diversidad cultural y ciudadana.
Por ello, aun cuando seamos adolescentes, jóvenes, adultos o viejos, las nuevas realidades que enfrentamos en un mundo complejo como el que vivimos hoy, demandan una toma de conciencia para poder entender y comprender una pluralidad de aspectos para los cuáles quizá la gran mayoría de las personas no han sido preparadas. De allí que sea necesario que la educación tome en sus manos el rediseño de las formas de entendimiento en una sociedad mexicana que suele tener rasgos de exclusión.

De todo esto se desprende la necesidad de asumir como prioritario, comprender que sobre nosotros se ciernen “dilemas” lo mismo que “certidumbres”,  que permean nuestras vidas, y que si no somos capaces de construir un tipo de conciencia en el que aprendamos a convivir en la complejidad que esto representa, el mundo y nuestro entorno lo seguiremos viendo con los mismos ojos. Por ello, estamos convencidos de la necesidad de generar las mejores condiciones para poder combinar lo que algunos autores señalan son las tres conciencias propias del ser humano: la práctica, la discursiva y la reflexiva.  Es decir, aquella que nos resuelve el “hacer”, la otra que nos lleva a “entender” y la otra con la que solemos “nombrar” al mundo: Hacer, pensar y decir.

Y es que en el reconocimiento a un escenario caracterizado  por discursos y prácticas vertebradoras de dinámicas sociales centradas en la diversidad de formas de vida, se generan condiciones de interacción en la que perviven discursos interpeladores que inciden en  la producción de nuestras acciones; por lo tanto, buena parte de nuestras vidas circulan por caminos en donde la pluralidad no es una opción sino una condición de la existencia. Con esto, los procesos de interacción decantan  en dilemas frente a un mundo que puede llegar a ser complicado, pues por momentos pareciera que hoy predomina un tipo de conciencia en la que la inercia o apatía suelen complicar las relaciones entre el saber y el hacer, algo que no contribuye en nada a vivir un tipo de ciudadanía plena, ni como adolescentes, ni jóvenes, ni adultos.

En medio de todo esto y contradictorio como suele ser este mundo, vivimos una época en la que los que muchos de nuestros quehaceres son mediados por las nuevas tecnologías de información y comunicación; por lo que existen franjas de interacción que han venido a innovar los ambientes de interacción humana. Curioso o extraño, la incidencia de las llamadas TICs, han venido a generar otras prácticas y otros pensamientos, por lo tanto han llegado para establecer agendas de socialización emergentes, en las que ciertos dispositivos tecnológicos son convertidos en artilugios para la generación de espacios de interacción novedosos, donde la clave es el entendimiento, el respeto y reconocimiento a la diversidad cultural pero pasando por ambientes virtuales y no necesariamente físicos. Y eso le sigue costando mucho trabajo entenderlo a los adultos y, en particular, a los profesores en todos los niveles.

Pese a este desencuentro, por extraño que parezca, lo que debiera ser normal en un salón de clases, es mucho más común posibilitarlo en los salones de chat, en los foros en línea, en los blog o páginas personales; es  decir, en las  comunidades virtuales que han venido descentrando los lugares institucionales para socializar, construir identidades y transitar por modelos de ciudadanía formalizados. Porque algo es cierto, la Internet ha venido a ensanchar las posibilidades democráticas de una vida que terminó por agotarse en lo institucional cerrado, ya que allí se materializa con mayor contundencia expresiones de multiculturalidad, identidades colectivas, respeto a la diversidad, tolerancia, incluso, trabajo colaborativo.

Sin embargo, pareciera que en lo educativo sigue costando trabajo verlos como lugares en donde territorializar maneras distintas de vivir el acto educativo, pues los docentes centrados en el cumplimiento de lo curricular, solemos negar que existe ese otro ámbito, quizá más potente para la generación de espacios de diálogo y aprendizaje. Porque aun cuando escuchemos o leamos de lo oportuno o necesario que es incorporar las nuevas tecnologías a la educación, a los profesores en el terreno práctico les cuesta asimilarlo. Empezando por reconocer que existe una habilidad casi innata en las nuevas generaciones, que nosotros sus adultos no tenemos: la capacidad para apropiarnos de las innovaciones tecnológicas como herramientas que ofrecen la ocasión de crear ambientes de encuentro para el aprendizaje.

De allí que desde aquí propongamos la necesidad de asumir como urgente la promoción de actos de gestión o intervención educativa centrados en el aprovechamiento de los contextos por donde el mundo se va construyendo diariamente, aquellos en los que el conocimiento formal junto al informal pueden contribuir a la generación de conciencias que puedan ir más allá del sentido común predominante entre las nuevas generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, pero que –sin duda- no excluyen a muchos prácticamente de la docencia.

En medio de una trama de vida que se reconoce compleja, caótica, multideterminada, es necesario que vayamos poniendo en común ideas reflexivas o prácticas que muevan a la acción educativa hacia nuevos derroteros, para lo cual siempre será necesaria la conformación de agendas que procuren itinerarios que recorran otros caminos, conjugando lo mejor y lo peor de lo que puede ocurrir con las nuevas tecnologías pero también en las aulas escolares. En el corazón de todo el rediseño, bien puede estar un conocimiento que tome de la mano la necesidad de entender un tipo distinto de ciudadanía, más consciente, más plena.  Como vemos, tenemos una tarea titánica por delante.