Filosofía para niñas y niños, una propuesta para la educación en y para la diversidad.

Marta Yolanda Guzmán Rivas


¿Por dónde empezar este pequeño compartir?, por explorar las presuposiciones que implica el proceso y acto de educar, o por lo que significa diversidad y sus relaciones con la educación o por lo que esto significa en términos globales.

Me parece que no es relevante debatir por dónde se debería empezar esta pequeña teorización, lo que sí creo necesario y urgente es empezar... Ya que la educación aparentemente ha postergado la reflexión en torno a la educación en y para la diversidad y la evidencia del mundo de hoy, da cuenta de que éste es ya un tema central a debatir, reflexionar e implementar en las aulas.

Si me permiten elaborar una hipótesis al respecto, creo que es en los salones de clases, con el contrato escolar y el currìculum oculto donde hemos legitimado la intolerancia y la incapacidad de convivir en y con la diferencia.

Y  en un mundo que hoy vive bajo la amenaza de un estado global de guerra, con diversas expresiones genofóbicas ante lo que es diverso, alterno, heterogéneo, etc., la responsabilidad social de la educación queda de manifiesto.

Los educadores, hemos sido incapaces de contribuir a la formación de una sociedad tolerante y sensible frente al otro. Las aulas se han convertido en estandarizadores y homogenizadores de lo humano, de tal suerte que aquello que no es igual, común o similar no tiene un espacio, ni una posibilidad de dignificación. Basta nombrar algunos casos, tanto nacionales, como mundiales, de hoy y de ayer, para darnos cuenta de este proceso homicida que está subyaciendo los intentos de homogenización, con los que se acompaña a la globalización y los procesos occidentalizadores.

En el nombre de este intento de uniformidad, los indígenas de nuestro país, las mujeres, los que tienen una orientación sexual diferente, los orientales, los musulmanes, etc., no tienen un lugar como personas en nuestras sociedades, si no se occidentalizan y ocupan el lugar que para ellos está destinado: la marginalidad. Y antes de ellos, estuvieron en igualdad de condiciones los judíos, los negros, los niños, etc., lo cual nos demuestra que la diversidad no ha sido considerada nunca como una ventaja ni en términos de desarrollo social, económico y mucho menos una educativamente, y que debe ser recuperada desde los procesos de aprendizaje.

Más que un problema político o cultural, creo que es un problema de paradigma, que involucra una concepción inamovible del mundo en donde aquello que no concuerda con las reglas y reglamentos de una razón instrumental (Habermas, 1995), simplemente no existe.

¿Qué puede ser más dañino: la negación de una existencia diferente a la común, o la persecución de dicha diferencia?. El discurso sostiene que la persecución es dañina e intolerable según las promesas del proyecto ilustrador francés, que nos volvía a todos iguales para ejercer la libertad, siempre y cuando, fuera igual a la de todos y en una perversa distorsión de dicho ideal de igualdad que sostenía este proyecto ilustrador, nos ha convertido en intolerantes a expresiones alternas o diferentes a las que el consenso propone. Sin embargo, creo que es más riesgoso y dañino, la negación de la diferencia y su posibilidad y derecho a la existencia. Pues, perseguir lo que existe es aberrante, pero negarlo y tratar de no reconocer su existencia es intolerable.

Y así como en un ecosistema la biodiversidad asegura la supervivencia de todo el ecosistema, en una sociedad la diversidad permite la existencia y desarrollo de dicha sociedad. ¿Podemos arriesgar nuestra evolución?, ¿podemos permitirnos el riesgo de aniquilar a aquél que no es igual a mí?....

La respuesta parece obvia y lógica, son pocos los que hoy siguen sosteniendo una postura intolerante ante la diferencias, sin embargo son muchos mas los que no están dispuestos a reconocer dicha diferencia y por tanto obviarla; lo cual vislumbra un futuro bastante riesgoso para la humanidad, ya que empeñarnos en ser todos iguales, implica suponer que comprendemos el mundo de igual manera, en los mismos tiempos y por los mismos medios o sino fracasamos, tanto en la escuela como en la vida.

Y es precisamente el ejercicio docente y la configuración de un proceso de enseñanza/aprendizaje globalizador e intolerante el que hace posibles estos riesgos.

La educación legitima formas de ver el mundo, de aprehenderlo y de comportarnos en él. Nos permite comprender la relación entre sujetos, como un acto comunicativo (Habermas, 1995) o como un acto de dominación de unos CONTRA otros. Pues no sólo enseñamos un contenido, sino mostrar una visión del mundo más o menos legitimada; por tanto debe quedar manifiesto para quien enseña cuales son las presuposiciones y cosmovisiones personales, que de alguna manera cualifica y condicionan su enseñanza ( Lipman, 1992).
Es aquí donde me permito establecer la primera relación entre la educación y la capacidad de tolerar a otro y convivir en y con el diferente. Ya que si la educación la entendemos como un acto de conquista en donde el que tengo enfrente es un depósito que yo voy a llenar con mis conocimientos, evidentemente no reconozco que es otro, con el cual interactúo. Y si además presupongo que el proceso educativo es unidireccional, de aquél que sabe al que no sabe, estoy legitimando un proceso socializador unidireccional, en  donde sólo uno tiene posibilidad de ser reconocido en su existencia.

Tal cual lo considera Paulo Freire (1885):

“Por esto, el diálogo es una exigencia existencial y siendo el encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos encauzados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro”.

Una segunda relación que quiero enfatizar es el lugar que damos al diálogo en el aula; en muchas prácticas educativas, se considera valioso el silencio, pero no el silencio pedagógico (Flores del Rosario, 1999) ése que permite la reflexión, sino el silencio  que aniquila el pensamiento del otro, ése que se impone como sanción frente al que opina diferente a quién está enseñando, ése que se decide utilizar para no ser víctima de la intolerancia de quien detenta el poder. Y que a la larga, se convierte en ese silencio indiferente de sociedades que son incapaces de reconocerse o defender al que no  tiene voz propia.

Como diría Berthold Brecht:

“Vinieron por los gitanos, y como yo no era gitano, no protesté
vinieron por los negros y como  yo no era negro no protesté,
vinieron por los judíos y como yo no era judío no protesté,
vinieron por los católicos y como yo  no era católico no protesté,
vinieron por mi y como no protesté por los que se llevaron …,
nadie protestó por mí"

Una tercera relación a mencionar es lo que consideramos espacios educativos, para lo cual quiero retomar a Lipman:

“En lugar de insistir en que la educación es una forma especial de experiencia que sólo la escuela puede propiciar, deberíamos decir que cualquier cosa que nos ayude a descubrir significados en la vida es educativa, y que las escuelas serán educativas sólo en la medida en que faciliten tal descubrimiento” (De la Garza, 1995)”

Y por ende, sino somos capaces de reconocer y reconocernos como diferentes, ¿realmente estamos educando?, ¿la escuela es en este sentido una posibilidad de significación y orientación para la convivencia social? O por el contrario se ha convertido en el semillero de fundamentalistas incapaces de encontrar canales de comunicación para el entendimiento no solo entre los iguales, sino entre los diferentes.

Una cuarta idea que me gustaría abordar es la relacionada al reconocimiento del otro como persona y su vinculación con la comunidad. Generalmente, está relación esta dada como una dicotomía: o se es persona o se difumina el individuo en el colectivo; dicha dicotomía debe ser superada, por una visión mas amplia de PERSONA en relación, puesto que somos en función de y con otros, pues nos humanizamos en la medida que interactuamos en proceso humanizadores y dichos procesos humanizadores son aquellos que nos vinculan con el otro, por tanto, esta ambigüedad en la que nos movemos en el proceso educativo entre la competencia y la colaboración sin compromiso, debe ser superada y sustituida por una visión colaborativa constructiva en donde sólo se es persona cuando se interactúa en una comunidad dialógica:

“... Lo que se necesita con desesperación, tal vez hoy más que nunca, es una alternativa viable y significativa, una alternativa que ubique a cada individuo en un tejido de individuos que conservan su individualidad y singularidad aun cuando se identifiquen y se fortalezcan con los objetivos e ideales del grupo mismo.
La alternativa que perseguimos puede ser sintetizada en una palabra: “comunidad”. Es la perspectiva de pertenecer a una comunidad genuina lo que ofrece la mejor esperanza a quienes se esfuerzan por una verdadera libertad y un sentido para sus vidas. Lograr verse a sí mismo como una persona en el mundo es, como lo hemos sugerido, esencial para el proceso educativo. Pero lograr verse a sí mismo como uno entre otros- es decir, como perteneciente a una comunidad- es esencial para convertirse en persona”.

Muchos de los problemas de la intolerancia descansan en la presuposición de que ser persona es ser igual a las demás, para acoplarse no desde sí, sino desde un marco igualitario a otro que aparece sin nombre, ni rostro propio, sino igual..., ¿es esto a lo que llamamos educación y por lo que nos esforzamos en esta labor cotidiana?.

Me parece que no es esta la visión que sobre la educación poseemos los que nos involucramos en esta tarea, sin embargo, creo que no podría yo  apostar a que en algún momento, nuestra práctica educativa legitima en mayor o menor grado esta perspectiva de matar al diferente o por lo menos no reconocerlo.

Entonces, ¿cómo lograr que la educación sea un espacio propicio para la formación y desarrollo de personas, que participen en proceso comunitarios de conocimiento que los lleve a ser Razonables y verdaderamente democráticos?.

Matthew Lipman, ha propuesto al proceso de filosofar como el paradigma del pensamiento dialògico que debe ser ejercitado en las escuelas, desde los primeros años de formación, a fin de explicitar en los procesos aùlicos una forma de ser en relación con el otro, para la búsqueda de una comprensión de la verdad, desde todos los ángulos posibles.

Por tanto, me he propuesto compartir con ustedes, en esta reflexión una alternativa que no es  sólo pedagógica, sino de vida,  que descansa en un paradigma reflexivo de la Educación, cuya finalidad es la formación de Personas Razonables, que saben e intentan vivir en y con la diferencia.

Dicha propuesta, se encuentra inmersa en el proyecto de Filosofía para niños, de Matthe Lipman, la cual implica hacer accesible la filosofía a las niñas y niños y adolescentes, partiendo de algunos supuestos (De la Garza, 1995):

1. El reconocimiento del derecho de los niños y jóvenes a los logros de la cultura humana.

2. La idea de que la filosofía tiene una función que ninguna otra disciplina puede cumplir: el desarrollo integral del ser humano.

3. La necesidad que enfrentan las sociedades modernas de contar con ciudadanos preparados para la vida democrática.

4. El desarrollo de las sociedades que llamamos civilización ha sido un proceso largo; los seres humanos se civilizan al llegar a ser razonables.

En este proceso filosófico, el diálogo y la comunidad de investigación (o dialogante) representan el motor de acción del proceso educativo. Lipman sostiene que toda investigación es una práctica de la autocrítica. La comunidad de investigación es un medio educativo que favorece el sentido de la comunidad, y por tanto prepara al estudiante para participar en una vida activa en una sociedad democrática, que reconoce mediante el diálogo la diversidad de voces y pensamientos que en ella convergen.

Reconociendo que lo valioso de este diálogo no solo es la construcción de significados y conocimientos, sino el desarrollo como personas de cada uno de los actores que en este diálogo se encuentren inmersos, o como Lipman sostiene:

“Una conversación es un intercambio de: sentimientos, de pensamientos, de información, de entendimiento. Un diálogo es una exploración, una investigación”.

1. La propuesta de filosofía para niños, metodológicamente sigue el siguiente esquema:

2. Lectura por turnos de la novela correspondiente

3. Elaboración de la agenda de preguntas

4. Desarrollo del diálogo filosófico

5. Evaluación cognitivo

6. Evaluación metacognitiva

Y en ella cada tema explora dimensiones filosóficas:

1. Estéticas

2. Éticas

3. Lógicas

4. Antropológicas filosóficas

5. Filosóficas sociales

6. Metafísicas

El programa establece un clima que favorece el surgimiento de un diálogo que no solo ejercita el pensamiento crítico y creativo, sino lo que Ann Sharp y Matthew Lipman han denominado el pensamiento de cuidado, que es poner el yo en perspectiva y utilizar la imaginación moral a fin de desarrollar personas con suficiente fuerza moral para ser congruentes con lo que dicen, piensan y hacen.

Una comunidad dialógica que permite el desarrollo de personas razonables, es un espacio educativo, que brinda la posibilidad de reconstruir las relaciones no sólo lógicas, de como hemos construido nuestro conocimiento, sino que permite darnos cuenta que este proceso reconstructivo es por un lado siempre social y por otro lado es cambiante y diverso, asumiendo entonces que los actores de dicho diálogo pueden o no estar en acuerdo o desacuerdo entre ellos, pero siempre estarán abiertos al diálogo y a la posibilidad de explorar nuevas perspectivas desde las cuales contemplar su propia forma de pensar y construir su cosmovisión. Más aún se vuelven sensibles al hecho de que existen otros yo con los cuales dialogar y estos otros yo, no siempre establecerán las mismas razones y por ende deberemos estar atentos para identificar cuales son las mejores razones en un proceso dialógico, independientemente de quien las sustenta.

Puede parecer un tanto ideal esta comunidad, de hecho autores como Dewey, Habermas, Apel, Popper, etc., establecieron ideas sobre una comunidad dialogante, muy similares a las propuestas en Filosofía para niños, sin embargo, en el programa son operados estos postulados pedagógicos desde la experiencia cotidiana de intentar organizar una comunidad de diálogo. Los materiales (a manera de cuentos o novelas filosóficas) permiten por un lado abordar los principales saberes filosóficos contenidos en estos, a manera de indagación filosófica y por otro lado modelan una comunidad dialógica, en donde los niños son capaces de tomar turnos para hablar, reconocer al otro como persona, establecer puntos de convergencia y desacuerdo entre ellos, respeto por el derecho del otro a opinar, imaginación moral, intención de comprender al otro, etc.; que poco a poco se convierten en patrones conductuales dentro de la comunidad que se apropia de esta metodología y posteriormente se van haciendo explicitas a través de las acciones y valores observados en dicha comunidad.

Esta sensibilidad frente al otro es lo que permite establecer la conexión entre el programa de filosofía para niños y la posibilidad de generar mediante este proyecto una educación en y para la diversidad. Pero ¿qué significa esto?, significa que aprendemos a respetar al otro con su otredad, sin esperar que sea y opine igual a mi; pero con la firme convicción de que es posible el entendimiento entre personas razonables.

Mas aún, permite identificar la sutil, pero importante diferencia entre aprender a convivir con la diferencia y en la diferencia. Puesto que convivir en la diferencia es una primera aproximación a la tolerancia del otro, su reconocimiento con existencia real  e independiente de mi mismicidad; pero convivir con el diferente es abrir las puertas del entendimiento hacia las posibilidades nunca contempladas, expresar la tolerancia no como una no agresión un tanto impuesta por la presencia del otro, sino mas bien entender la tolerancia como la explicitación de un respeto al derecho pleno del otro a ser Persona, con su idividualidad hasta el punto de reconocerlo como algo ajeno a mi, pero que me permite complementarme.

¿No es esta una búsqueda legítima para la educación?, si aceptamos que la educación posee la obligación de permitir abrir la posibilidad de la formación  de una persona integralmente desarrollada, que construya su camino desde y para una comunidad dialógica, pero con su identidad particular, por más ajena que me sea, en pos de un mundo mejor, entonces y sólo entonces podría pensarse que es posible incluir como parte de las estrategias del desarrollo del proceso de enseñanza/aprendizaje al programa de filosofía para niños.

Si además, creemos firmemente que no es en la aniquilación de la diferencia, sino en el entendimiento y enriquecimiento desde esas diferencias, en donde se encuentra la fortaleza de un aprendizaje cualitativamente valioso, una convivencia que nos lleve a un mundo más tolerante y racional y la posibilidad de seguir avanzando en el  entendimiento que del mundo hacemos; entonces debemos esforzarnos por hacer de nuestras aulas los primeros lugares de legitimación de dicha convivencia en y con la diferencia. Puesto que las nuevas generaciones, solo podrán cambiar la forma en que valorar la diferencia a partir de como valoramos sus educadores dicha diferencia y más aún que tanto la fomentamos y respetamos o que tanto intentamos eliminarla de nuestras aulas.

Finalmente, si ustedes deciden que este razonamiento hipotético tiene posibilidades de ser válido, los invito a formar parte de una comunidad de diálogo filosófico, que nos permita construir nuevas respuestas a los retos de la educación y nos permita seguir creciendo como personas razonables.
 
Asumiéndonos no como sujetos iguales, sino con la posibilidad de ser diferentes y desde esa diferencia generar un mundo globalizado, donde ser diferente es un privilegio que estamos dispuestos a alentar, para así seguirnos reconociendo como personas…

Por último, quisiera compartir con ustedes este pensamiento que creo resume las ideas que hoy con ustedes he querido compartir:

“No estaré de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes de decirlo”

¿No lo creen así?

 


BIBLIOGRAFÍA

  • DE LA GARZA, Ma. Teresa. Educación y democracia. Aplicación de la teoría de la comunicación a la construcción del conocimiento en el aula. De. VISOR, Madrid, 1995.
  • FLORES, del Rosario Pablo, Filosofía y docencia para profesores, ISCEM, México, 1999.
  • HABERMAS, Jurgen, Teoría de la acción comunicativa; complementos y estudios previos. De. CÁTEDRA, Madrid, 1997, 3ª. De.
  • LIPMAN, Matthew, Pensamiento complejo y educación, De. De la Torre, s.l., s.f., 2ª. De.
  • MORTON Gómez Victoria. Antología de estrategias de enseñanza para la maestría en Educación Superior, U.C:C:, 2001.
  • SPLITTER, Laurence J., Sharp, Ann M. La otra educación. Filosofía para niños y la comunidad de indagación, De. Manantial, Argentina, 1996.