La Comunicación Interpersonal y el Estudio de Jóvenes

Manuel Mora Pineda

Catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UCC, responsable de la academia de Investigación.

Cómo relacionar los consumos culturales, jóvenes y la comunicación interpersonal. En este trabajo abordaremos esta interrogante a través de la perspectiva del interaccionismo simbólico, en especial de las ideas de Goffman, así como de las reflexiones que realiza Rossana Reguillo acerca del concepto de ser Joven; de esta forma estableceremos un puente para visualizar la importancia que tiene la comunicación interpersonal para profundizar en el estudio de entidades como los jóvenes y, asimismo, la trascendencia que tuvieron para la comunicación interpersonal los estudios del interaccionismo simbólico para investigar todos los procesos de significados que existen en el momento en que dos personas se encuentran y comienzan a interactuar.

Una de las principales unidades de análisis para Goffman es de tipo interaccional, es decir, contempla los encuentros cara a cara entre un número limitado de sujetos; entonces cómo analizar al sector juvenil, que muchos ven más en términos macro que micro, y donde muchos piensan que la comunicación interpersonal ha perdido valor para ellos, siendo ahora los medios electrónicos y virtuales los que generan más empatía que el encuentro cara a cara, la cercanía del otro, como una de esas cintas del cine expresionista alemán, Metrópoli, donde se ponía en conflicto al ser humano con la tecnología. No es tema de este trabajo analizar la comunicación entre personas mediatizada por un computador o por un medio electrónico, pero sí el determinar que aún cuando estamos en un mundo que se globaliza en lo macro, sigue siendo importantes para los individuos, y en especial los jóvenes, la comunicación interpersonal, para determinar, negociar, establecer y asumir ritos en diversas esferas de su vida cotidiana, una de las cuales es la forma en que crean y recrean sus consumos culturales. Es frente al otro que decimos y actuamos nuestro papel dentro de la sociedad, no por algo Wolf, al hablar de Goffman, lo hace ejemplificando la función de los actores y titiriteros, es decir, cuando yo platico con otra persona en la cotidianidad surge una trama continua de interacciones, las cuales llevan consigo una carga simbólica que habla del papel o rol que en ese momento están jugando cada una de las personas en el episodio de vida cotidiana que están interpretando.

Es así que los jóvenes juegan su rol de diferente manera. Es muy distinto cómo lo hacen entre otros que identifican como propios de su sector y cómo es la relación de ellos con los llamados adultos, aunque; ¿quién es el titiritero que establece lo qué es adulto y lo que es ser joven? Reguillo(2000) escribe que para definir en términos socioculturales al joven implica, en primer lugar, no conformarse con las delimitaciones biológicas, como la edad, o como puntualizó Bourdieu: “La juventud no es más que una palabra”. A lo largo de la historia, las distintas sociedades han desarrollado sus concepciones acerca de la edad en que un individuo es joven y cuándo pasa a la etapa adulta. Sin embargo, actualmente vemos que, debido a diferentes factores socioculturales, el ser joven no es una cuestión de edad, sino una apropiación simbólica de lo que significa serlo y lo cual se hace evidente en la interacción que llevan a cabo en los episodios de su vida diaria, es decir, se ha establecido que también se es joven cuando en el encuentro con el otro se utiliza el lenguaje, los ritos, los artefactos sociales, etc., propios o que socialmente se han determinado para cumplir este rol.

Retomando a Goffman, podemos establecer que los episodios de la vida cotidiana se manifiestan a través de una situación social, una ocasión social y un encuentro social. Es así que para el estudio de los jóvenes se han determinado los ambientes que comúnmente son utilizados por ellos para llevar a cabo sus procesos de comunicación interpersonal y, obviamente, donde determinan sus roles y preferencias hacia ciertos campos del consumo cultural. Por ejemplo: la calle ha sido considerada por Reguillo como:

“Un espacio natural, que en muchos estudios sobre jóvenes tiene el papel de antagonista en relación con los espacios escolares o familiares y pocas veces ha sido pensada como espacio de extensión de los ámbitos institucionales en las prácticas juveniles”(2000, p.26).

Es en la calle donde los jóvenes realizan una buena parte de sus preferencias y gustos y, por ende, sus consumos culturales. En este espacio llevan a cabo sus pláticas interpersonales, sus ritos y la forma en que crean y recrean los roles asignados socialmente, dependiendo, como diría Feixa, de la microsociedad juvenil a la que pertenece.

La ocasión social puede ser ejemplificada con los conciertos, los eventos culturales organizados por la escuela a la que asisten, las fiestas de graduación, etc. En estas ocasiones sociales los individuos comparten un espacio y un gusto determinado, pero no podemos establecer que ahí mantengan una amplia interacción cara a cara con el otro. En un concierto de música o en el partido de fútbol, los individuos sólo rozan en la interacción de los sentidos, no hay un encuentro frontal cara a cara y, por ende, muchos han considerado a esta masa como un conjunto total de anónimos. Sin embargo, en cualquier momento posterior puede darse un encuentro social, es decir, un encuentro cara a cara, el cual comienza cuando los sujetos se dan cuenta de que han entrado en la presencia inmediata del otro y acaba cuando ellos captan que han salido de esta participación recíproca. Retomando lo que citaba en el punto sobre la ocasión social, si bien es cierto que en una discoteca difícilmente se podrá generar una interacción cara a cara de los jóvenes, hay espacios posteriores donde es posible el encuentro social. Por ejemplo, en el puerto de Veracruz, el bulevar ( en especial el nuevo) se ha convertido con el tiempo en el lugar donde los jóvenes continúan la fiesta iniciada en los bares y discos. Es aquí donde ellos llevan a cabo sus ritos amorosos, ideológicos y de amistad, externando sus gustos y preferencias. Es curioso cómo un gran grupo de amigos que entra a una disco (en bola), se fragmenta en pequeñas entidades, en ese encuentro social, las interacciones que llevan a cabo, la forma en que se expresan, las relaciones de poder. Y es en estas interacciones donde operan en mayor medida los estudios de Goffman, donde cada individuo es en sí la representación de la sociedad a la cual pertenece y de esta forma recrean las realidades de la vida cotidiana en la cual están inmersos y de ahí surgen las interpretaciones de la situación, la interpretación de los discursos verbales y no verbales generados entre los participantes de la comunicación interpersonal , las negociaciones y convenciones generadas entre los que comparten no sólo un espacio, sino un evento social, y con ello se hacen también evidentes los frames, que Goffman define como: las premisas organizativas de la actividad de los actores sociales. En nuestro caso, los jóvenes, habrá temas en los cuales ellos pongan un mayor interés que en otros, sean más honestos, pero también pueden existir casos en los cuales ellos simplemente los tomen a broma o sus conversaciones giren en torno a temáticas compartidas, donde tengan experiencias compartidas o no. Es así que Goffman explica que: “El frame o campo constituyen los modos en que se cataloga y se vive la experiencia que los actores tienen de la realidad” (Wolf, 1979, p. 40).

Reguillo ha dicho que las industrias culturales tienen una creciente importancia en la construcción y reconfiguraciones constantes del sujeto juvenil (2000, p. 23). La vestimenta, la música y ciertos objetos emblemáticos constituyen una de las más importantes mediaciones para la construcción de identidades juveniles y que en publicidad se les ha denominado “un concepto o estilo”. Para Goffman el aspecto físico y el modo de vestir poseen “una significatividad” que ha sufrido notables evoluciones y liberalizaciones. Es así que en la interacción juvenil surge todo un lenguaje del cuerpo y de las preferencias y gusto cultural que realizan los jóvenes, una serie simbólica de lo que cada actor exige del otro, es decir, de aquél que está en su presencia.

En los pasillos de la universidad donde laboro, cafeterías y los espacios que los jóvenes han determinado como su territorio, aunque institucionalmente está prohibido hacer uso de ellos (escaleras, barandales, áreas verdes, etc.), se escucha en las pláticas de los estudiantes una carga simbólica referente al culto del cuerpo, del vestuario, de la congruencia entre lo que creen interiormente exteriorizado en la forma de decir las cosas. Con ello estoy explicando nuevamente, que no hay una cultura juvenil, sino diversidades juveniles que se crean y recrean sus gustos y preferencias culturales en micro grupos. Esto no quiere decir que aquel joven al que le guste el Rock en español no tenga nada que ver con aquel que sólo escucha música electrónica, sin embargo, pasará más tiempo con aquellos que están en sintonía con sus gustos y preferencias, es una identificación no sólo con la preferencia cultural, sino con una forma de ver la realidad cotidiana que viven y que actúan y que les da sentido como jóvenes y los hace diferentes de los adultos. Por algo han surgido esas microsociedades juveniles: darketos, yuppies, hippies, trovadores, rockeros, etc. Y los consumos culturales dependen en cierta medida de la identificación que los individuos tengan en la cotidianidad con determinadas prácticas culturales. Es así que cuando los jóvenes están en presencia del otro, no sólo son instrumentos físicos, sino también son instrumentos de comunicación, como bien lo apuntan los estudios de Nateras, donde ve que en la interacción entre jóvenes, la comunicación interpersonal es de suma importancia para determinar lo que está in y lo que queda out de su mundo simbólico.

La comunicación interpersonal se vuelve entonces para la investigación una herramienta primordial para analizar los discursos y el conjunto de significaciones que los jóvenes construyen en sus representaciones con el otro, en las máscaras, ritos, proxémicas y cinéticas que transmiten entre sí.


Bibliografía.

REGUILLO, Rossana (2000). Emergencias de culturas juveniles. Estrategias del desencanto. México: Ed. Norma.

GOFFMAN, Irving(2001) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu Editoras.

NATERAS. Alfredo(2002). Jóvenes, culturas e identidades urbanas. México: UAM.